Los cenotes fueron considerados por los mayas como las entradas a ese mundo de Xibalba, en donde podrían comunicarse con los dioses del inframundo, que tuvieron y mantienen hasta la fecha una importancia especial. en los ritos y cosmovisión entre los mayas.
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martes, 9 de julio de 2013
Un mundo sorprendente: Arqueología Subacuatica.
Los cenotes fueron considerados por los mayas como las entradas a ese mundo de Xibalba, en donde podrían comunicarse con los dioses del inframundo, que tuvieron y mantienen hasta la fecha una importancia especial. en los ritos y cosmovisión entre los mayas.
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lunes, 21 de enero de 2013
Descubren depósito funerario prehispánico en cenotes de Quintana Roo
El cenote de “Las Calaveras”, cerca de Tulum, en Quintana Roo, podría ser considerado como el depósito funerario de la época prehispánica mejor conservado y de mayor concentración de restos humanos, luego de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reportó el hallazgo de 120 osamentas, cuya antigüedad se remonta a los años 125-236 de nuestra era, superando con ello al cenote de Chichén Itzá, Yucatán, que hasta antes de este descubrimiento representaba el de mayor número de esqueletos.
Sin embargo, por las características del lugar es muy probable que se localicen por lo menos 30 más o incluso hasta 200, con lo que también se rebasaría el número de restos humanos localizados en tierra en Tikal, Guatemala, una de las ciudades mayas más grande del periodo Clásico (125-236 d.C.).
Destaca que los restos humanos encontrados en este depósito natural de agua, de 30 metros de diámetro, presentan un perfecto estado de conservación, lo que permitirá el desarrollo de estudios de genética y antropológicos para conocer más a fondo a la antigua población maya que se asentó en esta región, así como para determinar si los cuerpos sufrieron alguna violencia por actividad ritual o la extracción de algún órgano vital, como el corazón, para ofrecerlo como ofrenda a los dioses mayas, además de aspectos como migraciones, salud y esperanza de vida.
Aunque en la actualidad la importancia de los cenotes está asociada con el turismo y el abastecimiento de agua, para los antiguos mayas estos espejos de agua natural representaban entradas a Xibalbá, el mundo de los muertos, por lo que eran usados como cámaras funerarias naturales, lo cual se ha determinado gracias a la presencia de vasijas y animales que acompañan a las osamentas.
Los cenotes también fungían como lugares rituales y fue a partir de los hallazgos de restos óseos que se descubrió que no sólo se inmolaba y arrojaba a mujeres a estos espacios, sino que también se sacrificaban a hombres adultos capturados en combate.
Actualmente, como parte de los rituales se extrae agua de las cavernas más profundas de los cenotes: la sagrada zuhuy-ha, es decir, el agua virgen, considerada así por no haber sido vista por ninguna mujer, ni tocada siquiera por la luz, la cual sirve en diversos rituales, entre los que destaca la ceremonia del ch’a-chak, un culto ancestral que se celebra en tiempo de sequía, pues se trata de una petición de lluvias. Esta ceremonia suele realizarse junto a la boca de un cenote, como sucede en Punta Laguna, Quintana Roo, donde a un costado de la boca del cenote de “Las Calaveras” se encuentra un altar de cruces vestidas con un hipil, el vestido tradicional femenino maya.
El cenote de “Las Calaveras”, cerca de Tulum, en Quintana Roo, podría ser considerado como el depósito funerario de la época prehispánica mejor conservado y de mayor concentración de restos humanos, luego de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reportó el hallazgo de 120 osamentas, cuya antigüedad se remonta a los años 125-236 de nuestra era, superando con ello al cenote de Chichén Itzá, Yucatán, que hasta antes de este descubrimiento representaba el de mayor número de esqueletos.
Sin embargo, por las características del lugar es muy probable que se localicen por lo menos 30 más o incluso hasta 200, con lo que también se rebasaría el número de restos humanos localizados en tierra en Tikal, Guatemala, una de las ciudades mayas más grande del periodo Clásico (125-236 d.C.).
Destaca que los restos humanos encontrados en este depósito natural de agua, de 30 metros de diámetro, presentan un perfecto estado de conservación, lo que permitirá el desarrollo de estudios de genética y antropológicos para conocer más a fondo a la antigua población maya que se asentó en esta región, así como para determinar si los cuerpos sufrieron alguna violencia por actividad ritual o la extracción de algún órgano vital, como el corazón, para ofrecerlo como ofrenda a los dioses mayas, además de aspectos como migraciones, salud y esperanza de vida.
Aunque en la actualidad la importancia de los cenotes está asociada con el turismo y el abastecimiento de agua, para los antiguos mayas estos espejos de agua natural representaban entradas a Xibalbá, el mundo de los muertos, por lo que eran usados como cámaras funerarias naturales, lo cual se ha determinado gracias a la presencia de vasijas y animales que acompañan a las osamentas.
Los cenotes también fungían como lugares rituales y fue a partir de los hallazgos de restos óseos que se descubrió que no sólo se inmolaba y arrojaba a mujeres a estos espacios, sino que también se sacrificaban a hombres adultos capturados en combate.
Actualmente, como parte de los rituales se extrae agua de las cavernas más profundas de los cenotes: la sagrada zuhuy-ha, es decir, el agua virgen, considerada así por no haber sido vista por ninguna mujer, ni tocada siquiera por la luz, la cual sirve en diversos rituales, entre los que destaca la ceremonia del ch’a-chak, un culto ancestral que se celebra en tiempo de sequía, pues se trata de una petición de lluvias. Esta ceremonia suele realizarse junto a la boca de un cenote, como sucede en Punta Laguna, Quintana Roo, donde a un costado de la boca del cenote de “Las Calaveras” se encuentra un altar de cruces vestidas con un hipil, el vestido tradicional femenino maya.
Por: México Desconocido http://bit.ly/SrasPp
Sin embargo, por las características del lugar es muy probable que se localicen por lo menos 30 más o incluso hasta 200, con lo que también se rebasaría el número de restos humanos localizados en tierra en Tikal, Guatemala, una de las ciudades mayas más grande del periodo Clásico (125-236 d.C.).
Destaca que los restos humanos encontrados en este depósito natural de agua, de 30 metros de diámetro, presentan un perfecto estado de conservación, lo que permitirá el desarrollo de estudios de genética y antropológicos para conocer más a fondo a la antigua población maya que se asentó en esta región, así como para determinar si los cuerpos sufrieron alguna violencia por actividad ritual o la extracción de algún órgano vital, como el corazón, para ofrecerlo como ofrenda a los dioses mayas, además de aspectos como migraciones, salud y esperanza de vida.
Aunque en la actualidad la importancia de los cenotes está asociada con el turismo y el abastecimiento de agua, para los antiguos mayas estos espejos de agua natural representaban entradas a Xibalbá, el mundo de los muertos, por lo que eran usados como cámaras funerarias naturales, lo cual se ha determinado gracias a la presencia de vasijas y animales que acompañan a las osamentas.
Los cenotes también fungían como lugares rituales y fue a partir de los hallazgos de restos óseos que se descubrió que no sólo se inmolaba y arrojaba a mujeres a estos espacios, sino que también se sacrificaban a hombres adultos capturados en combate.
Actualmente, como parte de los rituales se extrae agua de las cavernas más profundas de los cenotes: la sagrada zuhuy-ha, es decir, el agua virgen, considerada así por no haber sido vista por ninguna mujer, ni tocada siquiera por la luz, la cual sirve en diversos rituales, entre los que destaca la ceremonia del ch’a-chak, un culto ancestral que se celebra en tiempo de sequía, pues se trata de una petición de lluvias. Esta ceremonia suele realizarse junto a la boca de un cenote, como sucede en Punta Laguna, Quintana Roo, donde a un costado de la boca del cenote de “Las Calaveras” se encuentra un altar de cruces vestidas con un hipil, el vestido tradicional femenino maya.
El cenote de “Las Calaveras”, cerca de Tulum, en Quintana Roo, podría ser considerado como el depósito funerario de la época prehispánica mejor conservado y de mayor concentración de restos humanos, luego de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reportó el hallazgo de 120 osamentas, cuya antigüedad se remonta a los años 125-236 de nuestra era, superando con ello al cenote de Chichén Itzá, Yucatán, que hasta antes de este descubrimiento representaba el de mayor número de esqueletos.
Sin embargo, por las características del lugar es muy probable que se localicen por lo menos 30 más o incluso hasta 200, con lo que también se rebasaría el número de restos humanos localizados en tierra en Tikal, Guatemala, una de las ciudades mayas más grande del periodo Clásico (125-236 d.C.).
Destaca que los restos humanos encontrados en este depósito natural de agua, de 30 metros de diámetro, presentan un perfecto estado de conservación, lo que permitirá el desarrollo de estudios de genética y antropológicos para conocer más a fondo a la antigua población maya que se asentó en esta región, así como para determinar si los cuerpos sufrieron alguna violencia por actividad ritual o la extracción de algún órgano vital, como el corazón, para ofrecerlo como ofrenda a los dioses mayas, además de aspectos como migraciones, salud y esperanza de vida.
Aunque en la actualidad la importancia de los cenotes está asociada con el turismo y el abastecimiento de agua, para los antiguos mayas estos espejos de agua natural representaban entradas a Xibalbá, el mundo de los muertos, por lo que eran usados como cámaras funerarias naturales, lo cual se ha determinado gracias a la presencia de vasijas y animales que acompañan a las osamentas.
Los cenotes también fungían como lugares rituales y fue a partir de los hallazgos de restos óseos que se descubrió que no sólo se inmolaba y arrojaba a mujeres a estos espacios, sino que también se sacrificaban a hombres adultos capturados en combate.
Actualmente, como parte de los rituales se extrae agua de las cavernas más profundas de los cenotes: la sagrada zuhuy-ha, es decir, el agua virgen, considerada así por no haber sido vista por ninguna mujer, ni tocada siquiera por la luz, la cual sirve en diversos rituales, entre los que destaca la ceremonia del ch’a-chak, un culto ancestral que se celebra en tiempo de sequía, pues se trata de una petición de lluvias. Esta ceremonia suele realizarse junto a la boca de un cenote, como sucede en Punta Laguna, Quintana Roo, donde a un costado de la boca del cenote de “Las Calaveras” se encuentra un altar de cruces vestidas con un hipil, el vestido tradicional femenino maya.
Por: México Desconocido http://bit.ly/SrasPp
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miércoles, 16 de enero de 2013

Durante siglos el Juego de Pelota fue parte fundamental de la vida los que pertenecieron a la cultura maya. Como testigos mudos de ese pasado, hoy vemos vestigios y ruinas de los enormes campos de juego de pelota en México y Centroamérica. El más grande y conocido es el Juego de Pelota de Chichén Itzá.
El juego constaba con dos equipos y una pelota de hule, la cancha se encontraba como hundida y amurallada. El campo presente en Chichen Itzá mide 170 metros de largo y 70 metros de ancho. El objetivo del juego era pasar la pelota a través de unos aros de piedra que se encontraban a cada lado, usando solamente las caderas.
Para jugar a la pelota se seleccionaba a los mejores guerreros, los mas agiles y fuertes y se creía que durante el juego, estos fuertes mayas representaban a las divinidades dentro del campo.
Las plataformas que rodean el lugar servían para que los gobernantes y los sacerdotes observaran con todo el detalle desarrollo del juego. Por lo que se ha investigado, las figuras talladas en los muros que rodean al campo de juego que hablan de una connotación mística y religiosa.
Fuente. http://bit.ly/XeUQeQ
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